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DOMINGO VII ORDINARIO

La Magdalena

26 martes

Solemos decir de los que lloran mucho: “Lloras más que una Magdalena”.

El Evangelio de hoy, (Juan 20, 11-18) dice: “Junto al sepulcro estaba María llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde estaba el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntaban: “Mujer, ¿por qué lloras? Ella les contestó:”Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice:”Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”

He leido en la revista SANTUARIO un artículo de
Sor Mª Victoria Triviño -que podéis leer íntegro en la página: www.franciscanosdecastilla.org – en el que da a conocer lo que escribió Sta Camila Battista Da Varano sobre “Los dolores mentales de Jesús en su Pasión” que le fueron comunicados por Jesucristo.
Entresaco el “IV dolor por la discípula enamorada, Magdalena“.”Después de mi Madre, nadie sufrió tanto como Magdalena. Su amor fue sin medida. Viéndome muerto, parece que le faltaba el cielo y la tierra. Le parecieron nada los ángeles, y por verme dejó a mi Madre, la presencia más amable en este mundo.
Como fue la más afligida, fue, después de mi Madre la más consolada en la Resurrección. Y fue ella la que llevó la noticia a los Apóstoles”.

De la tristeza a la alegría

Este es el título que San Antonio da a la meditación que podéis leer en su página,
a la derecha.

También he insertado en los ganatiempos franciscanos unas PALABRAS CRUZADAS
en las que aparece la alegría del padre del santo, que al llegar de un viaje se encuentra
con el hijo recién nacido.

Es verdad que a veces la tristeza se cambia en alegría inesperada cuando notamos
que esa persona a quien creíamos que le caíamos mal, nos saluda y habla con interés
y simpatía.
O que habíamos perdido algo que apreciábamos mucho, y a veces hasta pensábamos
que alguien se lo había llevado y de pronto lo encontramos en el sitio mas inesperado.
Entonces ¡qué remordimientos por haber pensado mal! Lo mejor sería decírselo para
descargar nuestra conciencia:
 -Oye, fíjate que creí que te lo habías llevado… Y aguantar el chaparrón.

No me mueve mi Dios para quererte…

La combinación de la imagen del Cristo de Dalí y el poema, cantado, me parece algo precioso, pero os lo
copio, además para que lo leáis y meditéis, especialmente en este día tan propicio para ello.

No me mueve, mi Dios, para quererte 
el cielo que me tienes prometido, 
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte 
clavado en una cruz y escarnecido, 
muéveme ver tu cuerpo tan herido, 
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, 
que aunque no hubiera cielo, yo te amara, 
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera, 
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Fuente: www.franciscanos.org/oracion/nomemueve/html