Como ovejas perdidas

Pues sí, muchas veces me pierdo, Pienso que puedo andar sola por ahí pastando en los “propios prados” de mi egoísmo, de querer ser comprendida, de querer recibir tanto como doy; de tantas cosas, a veces pequeñas… eso lo veo yo así, porque los demás me dirían que no son tan pequeñas.

Digo que todos somos ovejas perdidas, porque “Quién esté libre de pecado, que tire la primera piedra” dijo Jesús a los que querían lapidar a la mujer pecadora. Nadie fue capaz de hacerlo, porque nadie se consideraba libre de pecado. Y además, porque no eran fundamentalistas, porque si no, harían
como siguen haciéndolo en la actualidad. Esos ya estaban “escuchando” al Pastor y olvidaron las perversas costumbres del pasado.

                                                               
Por eso creo que esta oración abre los oídos para oír y escuchar la voz del pastor y dejarse llevar mansamente, olvidarse del maldito YO.
Si Ase reza con deseos de cumplirla, al menos, nos da la paz a nosotros mismos, ya desde ese deseo y por añadidura a los demás.

ORACIÓN POR LA PAZ
Señor, haz de mí
un instrumento de tu PAZ..
Que donde hay odio, que yo ponga el amor.
Que donde hay ofensa, que yo ponga el perdón.
Que donde hay discordia, que yo ponga la unión.
Que donde hay error, que yo ponga la verdad.
Que donde hay duda, que yo ponga la Fe.
Que donde desesperación, que yo ponga la esperanza.
Que donde hay tinieblas, que yo ponga la luz.
Que donde hay tristeza, que yo ponga la alegría.
Oh, Señor, que yo no busque tanto ser consolado,
como consolar,
ser comprendido, como comprender,
ser amado, como amar.
Porque es dándose es como se recibe,
es olvidándose de sí mismo
es como uno se encuentra a sí mismo,
perdonando, es como se es perdonado,
y muriendo
como se resucita a la vida eterna.

Se atribuye a San Francisco de Asís

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