Como tierra reseca, agostada, sin agua

Hoy, que empieza el verano y con tanto calor además, me viene a la memoria, pensando en lo que puede pasar con las subidas de temperatura, que la tierra se resecará, se agrietará, se agostará y lo más triste es que eso le pase al alma cuando echa de menos esa fe que la inunde la llene y la haga fructificar:

Salmo 62, 2-9
EL ALMA SEDIENTA DE DIOS
Madruga por Dios todo el que rechaza las obras de las tinieblas.
¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

También recuerdo del salmo126, 5-6:

“Al ir iban llorando llevando la semilla,
al volver  vienen cantando             
trayendo las gavillas”

Esto se vive muy bien en la primera parte del Verano, de Vivaldi, lenta, triste,
se mastica el calor, la fatiga… hacia el final se desencadena una tormenta la
música la refleja a la perfección a través del violín. Al final el agua caida del cielo hará que las semillas den fruto. El verano acabará bién. Habrá una buena cosecha. Que así lo quiera Dios.

                                                              
                                                             

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