Cuadernos de oración

 CUADERNOS DE ORACIÓN, de Narcea,   s. a.   de  ediciones

Empecé a suscribirme a estos cuadernos diez años después de la publicación del primer número. Eran mensuales y yo las esperaba deseando leerlas de cabo a rabo. Eran estupendas, con unas fotografías preciosas y unos colaboradores magníficos que me hicieron pasar momentos inolvidables en mi deseo de profundizar en la ORACIÓN. ¡Menudos maestros y qué selección de oraciones publicaban que algunas databan de los primeros siglos del Cristianismo!

Cómo sería la cosa, que les escribí pidiendo me mandaran los diez años que me faltaban y lo conseguí. Y seguí siéndoles fiel hasta el final, cosa que lamenté mucho, pero eran tan íntegros, que en ese momento, pensaron que ya habían dicho todo lo que tenían que decir…

Son las oraciones de las contraportadas de cada mes.

1. de 1892

Mientras el hombre

está ensimismado en su oración
de repente brota
una fuente de delicias en su corazón
que refresca todas sus potencias.
Sus ojos brillan,
su cabeza se inclina,
sus rodillas apenas encuentran
apoyo en la tierra,
a causa de la alegría
y regocijo de la gracia
que invade todo su cuerpo.

Isaac de Nínive (siglo VII)

                            2.
Oh Tú, más allá de todo,
¿cómo llamarte con otro nombre?
¿qué himno puede cantarte?

Ninguna palabra te expresa,
¿qué espíritu puede abarcarte?

Ninguna inteligencia te concibe.

Sólo tú eres inefable;
todo lo que se dice ha salido de ti.

Sólo tú eres incognoscible;

todo lo que se piensa ha salido de ti.

Todos los seres te celebran,
los que hablan y los que son mudos.

Todos los seres te rinden homenaje,
los que piensan
como los que no piensan.
El deseo universal, el gemido
de todos aspira hacia ti.

Todo lo que existe te reza y hacia ti
todo ser que sabe leer tu universo
hace subir un himno de silencio.

Gregorio Nacianceno (Siglo IV)

3.

La plegaria es un fruto
de la dulzura y de la ausencia de cólera.

Es un retoño
de la alegría y la gratitud.

La plegaria excluye la tristeza
y el descorazonamiento.

Ve, vende todo lo que tienes
y entrégalo a los pobres,
luego toma tu cruz
y reniega de ti mismo
a fin de poder orar sin distracción.

Evragio Pontico (fin siglo IV)

4.
Tú eres rey de la gloria, Cristo,
Tú eres del Padre el sempiterno Hijo.
Tú, al hacerte hombre, para liberarle,
no tuviste horror al seno de una Virgen.

Tú, vencido el aguijón de la muerte,
abriste a los creyentes los reinos de los
cielos.
A ti, pues, te rogamos socorras a tus siervos,
que con sangre preciosa redimiste.
Durante los días todos te bendecimos;
y alabamos tu nombre por los siglos y los
siglos de los siglos.
Dígnate tú, Señor, en este día
guardarnos de pecado.
Compadécete, Señor, de nosotros;
compadécete de nosotros.
Cúmplase tu misericordia, Señor, Sobre
nosotros,
como hemos esperado de ti.
En ti, Señor, he esperado:
no sea eternamente confundido.

Te Deum

5.

Señor y maestro de mi vida,
no permitas que caiga en el espíritu
de desidia o desánimo,
de dominación, de banalidad.
Por el contrario, concede  tu siervo
el espíritu de integridad,
de humildad,
de paciencia y de caridad.
Si, Señor,
dame saber ver mis faltas y
saber no condenar al hermano.
Tú que eres bendito
por los siglos de los siglos. Amén.

Atribuido a San Efrén el Sirio (siglo siglo IV)

6.
Así como la tierra
contiene naturalmente agua
y la esparce,
así también la tierra del corazón
contiene el agua que brota;
es decir,
la luz original que
la desobediencia
hizo perder a Adán.

Calixto II

7.
Si deseas encontrar a Dios,
al Padre,
escucha a Cristo,
pues sólo Él conoce al Padre.
Si deseas comprende a Cristo,
atiende al Espíritu divino;
obedeciéndolo comprenderás a Cristo.
Alcanzarás la unión con Dios
si vives en el Espíritu de Dios,
pues el Espíritu de Dios es Dios mismo.

Franz König

8.
¿Por qué no quiere mirarme?
No puedo miraros, Padre.
Vuestros ojos irradian luz,
vuestro rostro se ha hecho más brillante
que el sol.
No tengas miedo.
En este momento te has transformado en
una claridad semejante a la mía.
Ahora estás también en la plenitud del
Espíritu de Dios.
De lo contrario no me verías como me ves.

Diálogo entre Serafín de Sarov (siglo XIX) y su discípulo.

9.
No se aprende a ver
porque la visión es efecto de la naturaleza.
Tampoco se a puede
aprender la belleza de la oración
por la enseñanza de otro.
La oración tiene su propio maestro,
que es Dios.

Juan Clímaco (siglo VI)

10.
No te apenes si Dios
no cumple inmediatamente
tu ruego;
Quiere regalarte un bien superior:
dejarte más tiempo
junto a Él
en la oración.

Evagrio Póntico (sin siglo IV)

11.
El hombre que ha llegado a conocer
el amor de Dios
por el Espíritu Santo
no conoce descanso ni de día ni de noche;
aunque su cuerpo sucumba,
su alma tenderá con vehemencia
hacia Dios, su Padre.

Silvano del Monte Athos (1866-1938)

12.
Si el que comienza se esfuerza,
con el favor de Dios,
a llegar a la cumbre
de la perfección,
creo jamás va solo al cielo,
siempre lleva detrás mucha gente tras sí;
como a un buen capitán,
le da Dios quien vaya en su compañía.

Santa Teresa de Jesús (1515-1582)

13.
Padre,
proclámese que tú eres santo.
llegue tu reinado,
nuestro pan del mañana dánoslo cada día,
perdónanos nuestros pecados,
que también nosotros perdonamos
a todo deudor nuestro,
y no nos dejes caer en tentación.

(Lc 11, 2-4)

14.
Nuestro Dios es
un fuego que consume.
También nosotros debemos alumbrar
en nuestro interior
el fuego divino
con esfuerzo y lágrimas.

Amma Sinclética (siglo V)

15.
¡Qué alegría que el otro esté ahí,
que exista!
Puesto que Dios existe,
es milagro de Dios.
La mirada sobre todo es un milagro.
¡Qué alegría sumergirse en los ojos
del otro,
en el océano interior
de sus ojos!

Patriarca Athenágoras

16.
A veces,
a los que han sido dignos de
llegar a ser hijos de Dios,
se les inunda el espíritu
de una alegría y de un amor tal,
que, si fuese posible,
acogerían a todos los hombres
en su corazón,
sin distinguir entre buenos y malos.

Macario el Grande

17.
Apaga mis enojos,
pues que ninguna basta a deshacellos;
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.
Descubre tu presencia
y áteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.

San Juan de la Cruz

18.
Temblara yo, Señor,
de hablarte como a Dios solo;
pero ¡Hay hombre
que  no se anime a verte
Dios y hombre?

Lope de Vega

19.
Yo entiendo por oración
no sólo lo que sale de la boca,
sino la que surge del
fondo del corazón.
Así como los árboles con raíces profundas
no notan las tormentas,
así también las oraciones
que surgen del interior del corazón
se elevan hacia el cielo
y no se desvían con ningún pensamiento.
Por eso dice el salmo:
“Desde lo profundo, grité, Señor”

Juan Crisóstomo

20.
El Maestro está dentro;
no se puede aprender todo de
un hombre,.
Nosotros podemos atraer
vuestra atención
con el ruido de nuestra voz,
pero si no hay dentro alguien
que os enseñe
ése ruido será inútil.

San Agustín

Deja un comentario

Ganatienpos y pasatiempos religiosos creados por Rosa Mac Mahon