El Señor es mi pastor

Me parece`precioso este Salmo 23 es mi preferido y lo repito muchas veces porque me lo sé de memoria.

Hace muchos años sufrí una operación que me tuvo hospitalizada más de un mes. Una madrugada me bajaron a los sótanos para hacerme unas radiografías. Mientras el camillero me empujaba por pasillos helados yo iba rezando: “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo porque tú,  estás conmigo,tu vara y tu cayado me sosiegan…”
Me hicieron varias radíografía, de pié, descalza sobre el suelo frío.
Estaban varios enfermeros metidos en la cabina donde las revelaban, supongo, y reían y reían ¡tenían una juega! Y volvían a hacerme más  porque habían salido mal. Sucedió varias veces, hasta que al pretender hacerme otra ¡otra vez! me oí decir:¡¡No!!
-¿Qué dice?
– Que no, que no me hacen más…
Y me volvieron a subir. A la mañana siguiente me preguntaban que qué había sucedido y no solté prenda. Me insistieron en que me las tenían que hacer y cedí y la cosa se llevó a cabo con toda seriedad, aunque quedó el misterio de lo que podía haber pasado allá abajo.
                        EL SALMO 23 (22)                              El pastor- anfitrión

Salmo de David 

                                                                   

El Señor es mi pastor, nada me falta.En verdes praderas me hace recostar;
me conduce junto a fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor a su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo.                                            
Tu vara y tu cayado me sosiegan.
Preparas una mesa ante mí
enfrente de mis enemigos,
me unges la cabeza con perfumes
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu misericordia
me acompañan
todos los días de mi vida
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término.
(Tal como viene en la Sagrada Biblia de la Conferencia Episcopal Epañola)
El Salmo desarrolla dos imágenes distintas: en la primera parte, la del pastor
 que cuida de sus ovejas (versículos 1-4) y en la segunda, la del señor de la casa que acoge a un huésped (versículos 5-6). Sin embargo, nos solemos fijar principalmente en la primera y, normalmente, es conocido como el Salmo del Buen Pastor. La primera parte está escrita en tercera persona del singular (el Señor es mi Pastor, me hace reposar, me conduce, repara, me guía, hace honor), mientras que la segunda está escrita en segunda persona del singular (tú me preparas, perfumas, tu amor y tu bondad me acompañan). El último versículo está en primera persona del singular (yo habitaré). El verso central (Tú estás conmigo) es el punto de unión entre las dos partes, ya que pertenece al primer bloque, pero está en segunda persona, como el segundo. Los símbolos que desarrolla son universales: el camino, el agua, la oscuridad de la noche, el banquete, los perfumes… y pueden interpelar por igual a los hombres de antiguas culturas rurales como a los de las modernas civilizaciones urbanas.
«El Señor es mi Pastor». El primer verso ya nos dice que hay que leer todo el poema como una imagen para hablar de la relación entre el orante y Dios. El título de «pastor» para nombrar a los reyes y guías del pueblo es habitual en el Oriente antiguo, así como en Grecia y en otros pueblos.
En la antigüedad, los israelitas eran pastores seminómadas con un número pequeño de animales: camellos, burros, gallinas y ovejas. No vivían en casas, sino en tiendas realizadas con pieles de animales. Hombres y animales dormían bajo el mismo techo. Hoy los beduinos siguen haciendo lo mismo. No es extraño que conocieran a cada una de sus ovejas, incluso por su nombre. También las ovejas reconocían la voz y el olor de su pastor.
El salmo quiere evocar esa atmósfera de afecto, esa experiencia de confianza, de tranquilidad, porque se sabe que hay alguien que se interesa por ti, que se preocupa por tu vida.
El significado último del salmo sólo lo podemos entender a la luz del Nuevo Testamento: Jesús es la persona que confía en Dios y camina por sus sendas, aún en medio de las dificultades, hasta entregarse en la cruz. Por eso, el Padre se apiada de Él y le devuelve a la vida, sentándole a su mesa, introduciéndole en su Casa. Al mismo tiempo, Jesús es «el gran Pastor de las ovejas» (Hebreos 13, 20), «el Supremo Pastor» (1 Pedro 5, 4). «Nosotros éramos como ovejas descarriadas, pero ahora hemos vuelto a nuestro Pastor y Guardián» (1 Pedro 2, 25). Él es el Pontífice de la Nueva Alianza, el Camino que nos lleva al Padre, la Puerta de acceso a la Casa de Dios. Él prepara para nosotros el banquete de su Cuerpo y de su Sangre, verdadero alimento de inmortalidad. Su amor es tan grande, que llega a dar la vida por sus ovejas. Con él podemos atravesar sin miedo el valle de la muerte, porque Él es la Resurrección y la Vida, Luz que brilla en las tinieblas, Roca que se abre en el desierto para calmar la sed, Maná que nos alimenta, verdadero Pastor y Rey, que «nos apacienta y nos conduce a fuentes de aguas vivas» (Apocalipsis 7, 17) y que nos permite habitar en su casa «por años sin término».
El cristiano que ora con el Salmo 23, está llamado a hacer este camino espiritual, verdadera síntesis del Antiguo y del Nuevo testamento: dejarse guiar por Dios «en medio de la noche» y vivir en intimidad con Él, hasta participar en su banquete, «la cena que recrea y enamora», en palabras de S. Juan de la Cruz.

P. Eduardo Sanz de Miguel, o. c. d.Si lo queréis leer completo, entrar en: http://www.mercaba.org/Eduardo/orar_con_el_salmo_23.htm

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