HOY ES EL DÍA DE MI PATRÓN

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SAN ISIDRO DE MADRID
Por Ángel Gómez Escorial
En una conversación personal con un lector de Betania, nacido en una capital de provincia argentina de una tierra muy campesina y ganadera, mostró su extrañeza al saber que San Isidro, patrón universal de los agricultores católicos, hubiese nacido en Madrid, hoy la gran urbe alejada del cultivo del campo y próxima a dedicar una amplia superficie de su territorio a una importante instalación de diversión y juego a imitación de la ciudad de Las Vegas, en Nevada, en Estados Unidos.
Pero Madrid no fue desde siempre capital de las Españas. Se le adelantó, primero, Toledo, que también fue sede de la diócesis primada y después Valladolid. Fue Felipe II quien creyó que era interesante situar a la capital permanente del Reino y de su imperio en el centro geográfico de península ibérica. Y desde luego, a partir de ese momento, Madrid fue cambiando.
Isidro de Merlo y Quintana nació en Madrid en 1082, probablemente, todavía bajo la dominación musulmana, porque Madrid fue incorporado a la Corona de Castilla, un año siguiente, en 1083, tras la conquista por parte de Alfonso VI de León y de Castilla. Pero ese primitivo Magerit, según su nombre árabe, una población agrícola como mucha superficie plantada a lo largo y ancho de la rivera de Manzanares. No parecía que el Madrid de los años próximos al nacimiento de su patrón fuera a convertirse en lo que es hoy.
Y en esa sencilla población agrícola y ganadera, Isidro, pudo buscar la santidad trabajando y orando. Los bueyes, conducidos por Isidro o por unos ángeles, y tanto da, tenían que roturar una tierra dura y rocosa producto de su cercanía a las sierras del centro de España que la circundan.
Hombre trabajador y humilde “patronea” hoy a una ciudad de casi cuatro millones de habitantes (3.943.542) según las últimas estadísticas, que la sitúan como la tercera ciudad más poblada, tras Berlín y Londres. Fue beatificado y canonizado en una época en que estas decisiones eclesiales se tomaban por, casi exclusivamente, presión popular. Y así los habitantes de Madrid y de toda Castilla le consideraron santo desde el mismo año de su muerte en 1172.
Trabajo y Santidad están unidos en la doctrina de muchos santos de todos los tiempos y “Ora et Labora” sea una de las divisas más importante de los cristianos desde que la estableció la regla se San Benito en plena Edad Media, en el Siglo VI.
Y en fin cumplo así la promesa hecha el lector argentino de que me referiría a San Isidro en una Carta. Pues así ha sido.

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