La moneda perdida

Pues espero que los jóvenes la encuentren y se alegren como la mujer del Evangelio, Lucas15,8.
                                                         
Pienso que ellos quieren encontrar el trabajo, el reconocimiento a su formación profesional, que sus estudios den el fruto deseado en su país, sin tener que ser valorados en el extranjero, con el consiguiente alejamiento de su familia.
                                                                 
No me gustan los que exigen sin querer dar nada a cambio, como su esfuerzo, su buena voluntad, o al menos, su cariño, que puede compensar el sacrificio que hacen muchos padres por ayudarles a salir de una infancia acaso mimada a una madurez responsable. Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Los hijos deben luchar por demostrar a sus padres que lo están haciendo bién.

                                                             
Si con todo ese esfuerzo de parte de padres e hijos, no consiguen las espectativas “soñadas”, porque en eso quedan cuando no se hacen realidad, tienen todo el derecho a protestar con fundamento, con ideas claras y sobretodo realizables, teniendo en cuenta la dichosa (desgraciada) crisis
por la que estamos pasando.

No entiendo nada de política. Soy una ingenua que se cree todo lo que dicen cuando prometen, pero si me siento engañada no vuelvo a ser tan tonta. Por eso me gusta que los jóvenes pidan que cumplan lo que prometen…

Si no llegan a encontrar su moneda perdida, que es de sumo valor, no quiero de ninguna manera que tengan que aceptar calderilla.

Deja un comentario