¡Mañana día de alegría!

Sí, mañana tendremos un Juan Pablo II Beato y es una gran alegría para toda la Iglesia. El Vaticano se vestirá de fiesta y allí acudirán miles de personas para celebrarlo. Muchos lo haremos desde nuestras casas, gracias a la televisión.

¿También se reirá mañana? Puede que sí porque diga que no se merece ese despliegue de
reconocimiento de su  santidad. Tenía un carisma increible, gustaba a la gente. Era muy guapo,
cantaba muy bien. Tenía una voz que llegaba a mayores y jóvenes. Estos últimos eran sus
preferidos.

Pero además de ser sencillo era sabio, quería la unión de las Iglesias, viajó como nunca lo
hizo ningún Papa. Esperemos ahora a que se realice otro milagro después de su beatificaión
para que sea San Pablo II.

Inserto un artículo  que considero muy interesante.

ROMA, 30 Abr. (EUROPA PRESS) –
   La religiosa de la Orden de las Hermanitas de la Maternidad, sor Marie Simón Pierre, cuya curación de la enfermedad del Parkinson permitirá mañana la beatificación de Juan Pablo II, explicará esta noche que  su curación “es un misterio muy difícil de explicar con palabras”, durante su tesimonio en la Vigilia de oración que tendrá lugar en el Circo Máximo de Roma, en la víspera de la beatificación del Pontífice.

   Simón Pierre se siente “pequeña ante una gracia tan grande”. Antes de la curación,”aceptaba estar en una silla de ruedas” durante toda su vida porque, según ha explicado, su consagración religiosa “no se habría debilitado” y la enfermedad no le impediría “desarrollarla hasta el final”, según un adelante del testimonio de la religiosa facilitado por la Sala de Prensa del Vaticano.
   La religiosa recuerda que “no toma medicinas desde hace seis años” y  que desde su curación ha continuado “un ritmo normal” aunque, “nada es como antes” y su vida interior “es cada vez más profunda”.

NO PODÍA VER A JUAN PABLO II EN TELEVISIÓN

   Como “sufría la enfermedad del Párkinson desde el año 2001”, después del diagnóstico “tenía dificultad” para mirar a Juan pablo II en la televisión” porque “le mostraba la imagen de su misma enfermedad”. Sin embargo, siempre le admiró la humildad” del Papa polaco.
   Los signos de la enfermedad se agravaron en las semanas sucesivas del fallecimiento de Juan Pablo II y el 2 de junio de 2005 pidió a la superiora, sor Marie Thomas, que encontrase otra religiosa que asumiera la responsabilidad del servicio de la Maternidad Católica  donde trabajaba.
   Por su parte, la madre superiora pidió a sor Marie que “esperase a volver del peregrinaje a Lourdes que tenía que hacer en agosto” y le recordó que “todas las comunidades de la congregación estaban rezando a Juan Pablo II por su curación”.
   “Me pidió que escribiera su nombre cuando no podía escribir y finalmente escribí el nombre de Juan Pablo II”, rememora la religiosa. Ambas, según explica, se quedaron ambas rezando ante la caligrafía “ilegible”.
   Desde el 14 de mayo de 2005, toda la Congregación había comenzado, sin interrupción, una novena para pedir su curación también “esperando que el milagro contribuyese a la causa de beatificación de este Papa que había sido tan importante para el Instituto”.
   La religiosa recuerda que se curó “en la noche del 2 al 3 de mayo de 2005. “Durante la noche, me levanté de un salto y bajé al oratorio de la Casa de la Comunidad para rezar al Santísimo Sacramento porque me invadió una paz inmensa, una sensación de bienestar”, narra la religiosa.
   Además, sor Marie destaca que sucesivamente meditó los misterios Luminosos del Rosario, instituidos por Juan Pablo II y se quedó rezando hasta las 06,00 horas, para después unirse a las oraciones habituales con la Comunidad.
   La religiosa tenía que recorrer alrededor de 50 metros hasta la capilla de la comunidad y que, en el recorrido, “el brazo izquierdo, que antes estaba como muerto a causa de la enfermedad, volvió a moverse” al mismo tiempo que experimentó “una ligereza en el cuerpo, una agilidad que no sentía desde hacía tiempo”.
   El 3 de junio, según recuerda la monja, al finalizar la misa “estaba convencida de estar curada” porque “la mano izquierda ya no temblaba” y “su rostro se había transformado”, a la vez que comenzó de nuevo a escribir.
   Sor Marie Simón subraya que al mediodía interrumpió todas las terapias y por la tarde puso al corriente a la superiora, aunque no dijeron nada hasta el 7 de junio, el día de la cita reservada con el neurólogo.
   “El siete de junio, como estaba previsto, me analizó el neurólogo, quien constató con gran sorpresa la desaparición de todos los signos clínicos, algo que era imposible de comprender en mi estado porque desde hacía cinco días no tomaba fármacos”, ha recordado la religiosa.
   Según explica la hermana Marie Simón, tras su curación prometió que “iría hasta el final para que Juan Pablo II fuera reconocido beato y después santo” y “hasta el final por la Iglesia, para que el mundo crea y para que la vida sea respetada”.

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