VENGA A NOSOTROS TU REINO

Hoy es el último domingo del tiempo Ordinario y me parece preciosa esta oración de una ” discípula del Divino Maestro”:

                     Tu Reino viene un poquito...

                          Si al amanecer me levanto en la esperanza,
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

                    Si venzo el instante de pereza y me encamino, alegre,
                                            hacia el trabajo,
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

                            Si pongo en mi tarea mi entusiasmo
                              como si fuera lo último que haga,
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

                      Si al comer o al beber no caigo en el despilfarro,
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

                     Si alguien me ofende y no olvido contar hasta diez…
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

               Si muerdo mi lengua cuando corre presurosa hacia la crítica,
                          tu Reino viene un poquito, Señor.

                                  Si no me afano por aparentar
                            y me presento con mi justa estatura…
                         tu Reino viene un poquito, Señor.

            Si perdono mis propios errores y me amo con todos ellos,
                         tu Reino viene un poquito, Señor.

                          Si reservo espacios de alegre compañía,
                      en los que compartir la escucha y la palabra,
                        tu Reino viene un poquito, Señor.

               Si gozo y agradezco las hermosas diversiones de la vida,
                        tu Reino viene un poquito, Señor.

                               Si en la noche sé dar gracias
                                 por tanto amor recibido,
                       tu Reino viene un poquito, Señor.



Mª Concepción López, pddm (España)

De esta misma autora es parte de este comentario sobre CRISTO REY:

 

        Dios, en los pequeños y en lo pequeño
Preguntas previas de un creyente postmoderno o de un ateo discrepante
Para un no creyente hipercrítico y litigioso, o para un creyente postmoderno, la fiesta de Cristo Rey que hoy celebramos podría dar pie a muchas cavilaciones, a saber: llamar a Jesucristo “rey” ¿no es un poco anacrónico en el mundo en que vivimos? ¿No es un título desfasado o inapropiado para Jesús, dada la imagen de “realeza” que nos brinda la realidad sociopolítica actual (al menos, al europea)? ¿De dónde procede el aplicar el título de “rey” a Dios y a Jesucristo?
        Esas cuestiones y otras hacen que al cristiano que busca vivir su fe con coherencia y dando razón de su esperanza a todo el que se la pida (cf. 1 Pe 3,15) no le venga mal conocer el origen de esta solemnidad del Señor y el sentido que hoy puede tener.
        Respecto al origen, esta fiesta fue instituida por Pío XI. Es, por tanto, la fiesta más reciente de todas las “de idea” en honor del Señor Jesús. Pío XI explica el sentido de la fiesta en su encíclica “Quas Primas” (11 de diciembre de 1925). Para el Papa, los grandes males que acechaban al mundo de su tiempo estaban ocasionados por el alejamiento de Cristo por parte de la mayoría de los hombres. Por eso, el Papa no ve un medio más eficaz para restablecer la paz que restaurar el reinado de Jesucristo. Con este fin instituye la fiesta el último domingo de octubre.
        En la estructuración actual del año litúrgico, esta fiesta tiene un sentido más espiritual y escatológico. Su colocación en el último domingo del año litúrgico la convierte en la meta a la que se orienta el peregrinar del cristiano a lo largo de cada nuevo año y de toda su vida.
(—)        Cuando Jesús dice, de sí mismo, que es Rey, matiza el sentido de esa palabra: es rey-pastor de su pueblo, y es rey-siervo que se arrodilla para lavar los pies (Jn 13) y que está en medio de sus discípulos como el que sirve (Lc 22,27).
        Las figuras de rey, hijo de hombre, siervo y pastor se funden en Jesús. De ellas surge un modelo de reinado nada convencional. Basta leer un evangelio para darse cuenta de la majestad y de la humildad de Jesús, de su señorío y de su abajamiento, de su poder y del amor que le llevó a despojarse de él.
        Sí, Jesucristo es rey y el título es más que adecuado. Pero entendamos que su modelo de realeza es alternativo y opuesto al modelo del mundo. Del mismo modo los cristianos, pueblo de “profetas, reyes y sacerdotes”, estamos llamados a construir, desde el servicio, su Reino, hecho de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Rom 14,17).

  


BUSCANDO UN EVANGELIO DÍAS PASADOS, ME ENCONTRÉ CON LA PÁGINA, QUE OS RECOMIENDO, SI QUERÉIS CONOCER BIEN LOS EVANGELIOS DE LOS DOMINGOS DE TODO EL AÑO CON COMENTARIOS, MEDITACIÓN Y ORACIÓN: 

www.discipulasdm.org/biblia/lectiodivina
LOS REALIZAN RELIGIOSAS MUY FORMADAS EN BIBLIA Y TEOLOGÍA. CON ELLAS SE SIGUE MUY MUY BIEN LA LECTIO DIVINA. OS LAS VOY A PRESENTAR EN LA PÁGINA DE LA LITERATURA

Deja un comentario