YA ESTAMOS EN ADVIENTO

Pues sí y os pienso ofrecer cada domingo un pasatiempo basado en el Evangelio correspondiente, como hoy.

A continuación paso parte de comentarios de Conchi, como el pasado domingo, y el completo en la página de literatura.

 Al final, una preciosa oración a la VIRGEN DE ADVIENTO.

 La solución la encontraréis en la página de literatura-

.Os comunico que paso NUEVOS PASATIEMPOS PARA NIÑOS Y MAYORES SOBRE LOS TIEMPOS LITÚRGIOS

MARCOS 13, 33-37 En este contexto, ¿cuál es el mensaje que el evangelio quiere transmitir?

Sí, el Adviento es una trompeta que nos anuncia una llegada: la del Emmanuel hecho carne por amor a nosotros. Sólo que yo me pregunto si su sonido tiene la fuerza suficiente como para despertar nuestra fe adormecida y trascender las estridencias de otros anuncios. Hay, en el mundo, sonidos atronadores que pueden eclipsar la dulce música de este tiempo de la Iglesia: hace semanas, por ejemplo, que los grandes almacenes han anticipado la Navidad y nos contagian las fiebres típicas del consumo navideño. ¿Recordamos que apenas hoy comienzan cuatro semanas de esperanza vigilante y preparación? Sí, cuatro semanas de oportunidad para recrear, con cuidado y mucho amor, un hogar para que nazca el Emmanuel en lo más profundo de nuestras vida
 
Adviento debería ser siempre, puesto que el Señor viene siempre. Pero los días en que ahora entramos son un kairós especial, un tiempo para reavivar la esperanza. Cada uno sabe qué “sueños” debe sacudirse para correr, despierto, a la cita con su Dios.

Al leer atentamente el pasaje de Marcos, encontramos tres elementos que nos dan la clave de su mensaje:
1) La repetición del imperativo “velad” y su sinónimo “vigilad”. Cuatro veces aparece este verbo en el breve evangelio de hoy, lo cual es indicio de que se trata del mensaje fundamental que Jesús quiere comunicar a sus discípulos y “a todos”, incluidos nosotros (cf. v. 37). Esa última frase: “Lo que a vosotros digo, a todos lo digo” hace que el texto salte las coordenadas de tiempo y lugar y se haga contemporáneo nuestro: es una palabra dirigida a nosotr@s hoy.
2) La ausencia del dueño de la casa (v. 34).
3) Su venida (v. 35) y la condición sorpresiva de la misma: ninguno de nosotros sabe el momento (vv. 33.35). El regreso acontecerá “de improviso” y puede encontrarnos en vela o dormidos. ¿Qué significado pueden tener estos dos términos en este pasaje?
        El “velar” o el “dormir” tienen que ver con el encargo que hace el hombre a sus siervos: a cada uno le encomendó su trabajo. Si recordamos la parábola de los talentos de Mateo, paralela en cierto modo a la del portero de Marcos, unos siervos buenos y fieles negociaron y otro escondió el talento (Mt 25,14 ss). “Velar” equivaldría, por tanto, a hacer cada uno responsablemente su tarea, según su capacidad, mientras que “dormir” equivaldría a esconder el talento, a dejar de hacer aquello que está en nuestras manos hacer.
        En Lc 12,40-46 encontramos un pasaje más similar aún al de Marcos: un señor pone al frente de sus criados y criadas a un administrador para que, en su ausencia, les dé la comida a su tiempo. En esta parábola el “velar” de Marcos equivale a hacer bien y con justicia la propia tarea. El “dormir” equivale a traicionar la confianza que el Señor ha depositado en nosotros, obrando, con ello, injustamente.
 


                                                                                                                      

Nuestra Señora del Adviento,
madre de todas nuestras esperas,
tú que has sentido tomar en tu seno
la esperanza del pueblo, la Salud de tu Dios,
sostén nuestras maternidades y paternidades,
carnales y espirituales.
Madre de todas nuestras esperanzas,
tú que acogiste el poder del Espíritu,
para dar carne a las promesas de Dios,
que seamos capaces de encarnar el amor
que es signo del Reino de Dios
en todos los gestos de nuestra vida.
Nuestra Señora del Adviento,
madre de todas nuestras vigilancias,
tú que diste un rostro a nuestro futuro,
fortalece a los que dan a luz dolorosamente
un mundo nuevo de justicia y de paz.
Tú que contemplaste al niño de Belén,
haznos atentos a los signos imprevisibles
de la ternura de Dios.
Nuestra Señora del Adviento, 
madre del crucificado,
tiende tu mano a todos los que mueren
y acompaña su nuevo nacimiento en los brazos del Padre.
Nuestra Señora del Adviento, icono pascual,
haznos capaces de la gozosa vigilancia
que discierne, en la trama de lo cotidiano,
los pasos y la venida de Cristo, el Señor. Amén.
(Tomada de Homilética, 1999/6)


Descripción: http://www.discipulasdm.org/botones/Flecha_subir_azul2.gifMª Concepción López, pddm (España)

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